En menos de 72 horas, Santo Tomé vivió un verdadero diluvio: 60 milímetros el lunes, 164 mm el martes y otros 173 mm ayer, según los registros municipales. El total roza los 400 milímetros y todavía no dejó de llover. Las consecuencias quedaron a la vista: casas inundadas, calles intransitables, evacuaciones, y un temor latente que va más allá de las nubes, que es el aumento constante del caudal del río Uruguay.
El punto más crítico de la ciudad se encuentra en la avenida Artigas, a la altura del puente del arroyo Picardía, que colapsó por la presión del agua y sufrió socavones estructurales. El tránsito allí está interrumpido desde hace dos días y el personal municipal pide evitar la zona. Las imágenes del asfalto hundido y las barandas retorcidas dan cuenta de la fuerza con la que cayó el temporal.